C. ¿En qué consisten las pruebas del VIH?

Las pruebas de VIH son unas analíticas que se hacen a partir de una muestra de sangre y permiten conocer si el VIH está en nuestro cuerpo, es decir, si nos hemos infectado. Hay varios tipos de pruebas. La primera que se desarrolló fue el test ELISA, ELISA es el acrónimo en inglés de Enzyme-Linked Inmunosorbent asSAy,  (prueba de inmunoabsorbencia enzimática).

Esta prueba no detecta directamente al virus, sino que lo que hace es detectar los anticuerpos que nuestro sistema inmunitario produce como respuesta a la infección. La prueba requiere de una extracción de sangre muy similar a la que nos harían para cualquier analítica rutinaria, tomando una muestra de alguna de las venas del brazo.

Para que esta prueba dé un resultado fiable, hay que dejar pasar al menos tres meses entre la última situación de riesgo de infección y el momento en que te la vayas a hacer, es lo que se conoce como “período ventana” (un poco más abajo hablamos de esto con más detalle)

Si el resultado de un test ELISA es negativo, significa que no hay anticuerpos del virus y que, por tanto, no te has infectado.

Si el resultado del test ELISA es positivo, será necesario hacer una prueba de confirmación. A veces, algunas moléculas en la sangre pueden producir un resultado falso positivo, por eso, siempre los laboratorios que hacen estos análisis, en caso de un ELISA positivo, hacen una segunda prueba que se conoce como Western Blot. Si el Western Blot da un resultado positivo, entonces se confirma que hay una infección por VIH.

Obtener el resultado de una prueba ELISA y, si es el caso, de la Western Blot suele tardar entre dos y tres semanas. A veces el laboratorio puede tardar un poco más, pero eso no significa que el resultado vaya a ser positivo, sino que el laboratorio necesita hacer pruebas adicionales para estar totalmente seguro del diagnóstico, sea este negativo o positivo.

El “período ventana”

El test ELISA no detecta directamente al virus en la sangre, lo que detecta son los anticuerpos que nuestro sistema inmunitario produce como respuesta a la infección. Los anticuerpos son unas proteínas que marcan a los agentes extraños para que las células del sistema inmunitario (los glóbulos blancos, entre ellos, los linfocitos) los reconozcan y los destruyan. Ahora bien, la producción de anticuerpos no es inmediata. Nuestro organismo tarda algunas semanas en producir los anticuerpos frente al VIH. Al hecho de producir anticuerpos frente al VIH se le da también el nombre de “seroconversión”.

De aquí vienen los términos “seronegativo” (que no tiene anticuerpos frente al VIH en la sangre) y “seropositivo” (que sí tiene anticuerpos frente al VIH en la sangre) (“sero”, en latín, es “suero”, es decir, la parte “líquida” de la sangre) Por eso, es común decir también que uno es “seropositivo” cuando tiene el VIH.

La prueba ELISA necesita que la cantidad de anticuerpos alcance un nivel determinado para poder dar un resultado positivo, por eso se recomienda dejar pasar aproximadamente unas 12 semanas (3 meses) desde el momento en que se ha podido producir la infección hasta que se hace la prueba. Si te haces el test ELISA antes de esos tres meses, es posible que los resultados no sean concluyentes o que dé un falso negativo. Si te haces el test pasados los 3 meses y el resultado es negativo, no es necesario repetir la prueba unos meses después, aunque algunos centros sanitarios sí recomiendan repetir el ELISA dentro de otros tres meses. En realidad, sólo el 1% de las personas que se infectan tardan más de 3 meses en producir anticuerpos a un nivel suficiente como para poder ser detectados.

Ninguna prueba diagnóstica será fiable al 100% (nada es fiable al 100%), pero si has recibido un resultado negativo del test ELISA habiendo respetado los tres meses del período ventana después de tu último riesgo de exposición al VIH, puedes considerar ese resultado como una confirmación de que no te has infectado.

En caso de que te quede alguna duda, puedes repetir la prueba pasados otros tres meses. Tu médico o el personal sanitario que te esté atendiendo, en cualquier caso, te asesorarán al respecto.

Es importante que sepas que para que la espera durante el período ventana sea útil, se entiende que no has tenido ninguna práctica de riesgo durante ese período.

RECUERDA: el período ventana se mide siempre a partir de la ÚLTIMA práctica o situación de riesgo que hayas tenido.

¿Hay otros tipos de prueba para diagnosticar una infección por VIH?

El test ELISA basado en una muestra de sangre es el más extendido y es el que con casi total seguridad te van a hacer en cualquier centro de salud público o privado o en los servicios que prestan algunas ONG. Sin embargo, hay otros tipos de pruebas que permiten detectar la presencia del VIH, si bien no todas están disponibles en todos los centros de salud o están cubiertas por la sanidad pública. Algunas de ellas están aprobadas en los Estados Unidos, pero no todavía en todos los países europeos.

Test rápido:

En este tipo de pruebas las muestras se toman a partir de una pequeña muestra de sangre o de otros fluidos corporales como la saliva.

El análisis se hace por una prueba tipo ELISA, es decir, que funciona con los mismos principios que el test ELISA que hemos comentado antes: estas pruebas detectan los anticuerpos que el sistema inmunitario produce para luchar contra el VIH.

Que puedan hacer un diagnóstico en la saliva no quiere decir que la saliva pueda transmitir el VIH, sino que los anticuerpos que el sistema inmunitario produce para combatir al VIH sí están presentes también en la saliva.

Los resultados se obtienen al cabo de unos quince a veinte minutos. Aquí es donde radica la principal diferencia con el test ELISA de laboratorio, en el que hay que esperar varios días o un par de semanas.

Si el resultado es positivo, entonces se hace un ELISA/Western Blot de confirmación, enviando la sangre a un laboratorio especializado. En ese caso, deberás esperar el mismo tiempo que se espera por el resultado de un test ELISA habitual.

Si el resultado de esta prueba rápida es negativo, no se hace necesario realizar pruebas adicionales de confirmación y se considera que el resultado negativo es concluyente.

Al igual que ocurre con el ELISA, estos resultados son fiables sólo si se ha respetado el período ventana.

Estas pruebas rápidas se están extendiendo rápidamente y en España estarán disponibles a través del sistema nacional de salud a lo largo del período 2008-2011. En la actualidad algunas ONG tienen servicios específicos donde es posible, dentro de determinadas campañas como las que se hacen en torno al 1 de diciembre, día mundial del SIDA y, en algún caso, durante todo el año, hacerse este tipo de pruebas.

Podría decirse que la principal ventaja de este tipo de pruebas es la rapidez, que nos ahorra una angustiosa espera por los resultados.

La FDA(Food and Drug Administration) de los EE.UU. ha aprobado distintos tipos de pruebas rápidas. Todas ellas están pautadas para ser hechas por profesional sanitario especializado y no pueden comprarse directamente en las farmacias. Entre ellas están Oraquick® Rapid HIV Antibody Test, que puede utilizar la saliva o muestras de sangre, el Oraquick® Rapid HIV 1/2 Antibody Test, que es capaz de detectar tanto el VIH-1 como el VIH-2 (los dos tipos de VIH que se conocen : el VIH-2 es poco habitual en los países occidentales pero muy común en África) a partir de una pequeña muestra de sangre, al igual que el Clearview® Complete HIV 1/2 y el HIV 1/2 Stat Pak. Además, están el Reveal®Rapid HIV-1 Antibody test, que también utiliza muestras de sangre y el Uni-Gold® Recombigen HIV test.

Algunas de estas marcas de prueba rápida tardan un poco más que otras, pero todas ellas pueden dar un resultado en aproximadamente menos de una hora.

Con respecto a estas pruebas rápidas hay que hacer una observación. En el caso de Oraquick®, cuando se utilizan muestras de saliva, se da la posibilidad de que se produzca contaminación y los resultados podrían no ser tan fiables como cuando se utiliza una muestra de sangre. En concreto, es posible que se den resultados de falsos positivos. En cuanto a los resultados negativos, su fiabilidad es muy alta, comparable a la de un ELISA de laboratorio.

Ten en cuenta que, como comentábamos antes, también con cualquiera de estos test rápidos, tanto los de saliva como los de sangre u orina, deberás dejar pasar primero el período ventana de 3 meses desde el momento de la última vez en la que hayas podido estar expuesto al riesgo de infección por el VIH

Es posible que si recibes asistencia sanitaria en un servicio privado dicho hospital o sus laboratorios hayan desarrollado sus propios test rápidos. Estos también se basan en los principios del test ELISA y por tanto tienen una fiabilidad similar.

Test para hacer en casa:

En los EE.UU. y en algunos países europeos se comercializan unos test que se puede hacer uno mismo en casa, si bien los resultados los da un laboratorio al que hay que enviar la muestra. Se trata de unos kits que vienen con una pequeña lanza y una placa de muestras. Uno se hace un pequeño pinchazo en el dedo y deja caer las gotas directamente sobre la placa de muestras. El kit viene identificado con un número único que será la referencia que necesitarás apuntar para, posteriormente, cuando hables con el laboratorio, poder conocer tus resultados.

Una vez que has seguido las instrucciones, deberás enviar la placa de muestras con tu sangre al laboratorio de referencia indicado en el kit. Este laboratorio analizará tu sangre con una prueba ELISA/Western Blot y los resultados no suelen tardar más de una semana o diez días. Para conocerlos, deberás llamar a un número de teléfono y dar el número único de referencia que viene con el kit.

Las empresas que comercializan este tipo de pruebas, además de darte los resultados por teléfono, también tienen un servicio de apoyo que te podrá orientar y ayudar tanto si el resultado es negativo como si es positivo.

Estas pruebas pueden comprarse en los EE.UU. y en Canadá en las farmacias, o bien se pueden encargar por teléfono y por Internet a las empresas fabricantes. La FDA(Food and Drugs Administration – Oficina de control de Alimentos y Medicinas) de los EE.UU. sólo ha aprobado de momento los kits para hacer en casa de la marca Home Access®. Esta comercializa dos versiones: la Test System, cuyos resultados tardan una semana aproximadamente, y la Express, que puede dar los resultados en el plazo de unas 72 horas.

Estos tests para hacer en casa tienen la ventaja de que te permiten hacerte la prueba de una manera íntima, sin tener que pasar por ir a la consulta con el médico o por ir a un servicio público o privado a hacerte la prueba. Para muchas personas esto supone evitar situaciones de ansiedad, temor y vergüenza de tener que hablar de su sexualidad o de tus hábitos de vida con un profesional sanitario, psicólogo o cualquier otro profesional o agente de salud.

La desventaja de este tipo de pruebas es que no vienen acompañadas de la información y el apoyo que podrías necesitar tanto en caso de un resultado negativo, como, especialmente, cuando el resultado es positivo. En esa circunstancia la posibilidad de hablar con alguien y de que alguien te explique qué opciones tienes y qué puede ocurrir a partir de un resultado positivo resulta fundamental.

Puede ser muy duro y difícil de sobrellevar el afrontar totalmente en soledad un resultado positivo. Aunque posteriormente busques ayuda o información, poder contar con el apoyo de alguien en el momento de recibir el resultado suele ayudar a que el momento sea menos angustioso.

Test basados en muestras de orina:

Se puede utilizar una muestra de orina para hacer con ella un test ELISA/Western Blot ya que si bien la cantidad de virus en la orina suele ser muy baja, sí es posible, en cambio, detectar en ella, como también ocurre con la saliva, los anticuerpos que nuestro cuerpo produce para hacer frente al VIH.

Los resultados tardarán un par de semanas, como en un ELISA hecho a partir de una muestra de sangre. Estos tests hechos con muestras de orina se hacen en muchos países en programas de prevención y concienciación dirigidos a adolescentes, estudiantes, o poblaciones específicas. El hecho de tratarse de muestras de orina facilita que las muestras se puedan obtener en sitios que no son centros de salud: en universidades, colegios, ONG, en dispositivos instalados en la calle, etc., con lo cual se puede llegar a sectores de la población que, habitualmente, no acuden por sí mismos al sistema sanitario o no lo hacen con demasiada frecuencia.

¡No puedo esperar 3 meses para saberlo! ¿Hay otras opciones?

Todas las pruebas que hemos mencionado hasta ahora se basan en la detección de los anticuerpos. Por eso es preciso esperar a que nuestro sistema inmunitario haya producido, en caso de infección, la cantidad suficiente de anticuerpos como para que un resultado positivo sea fiable. Esto implica, tanto para el ELISA “de toda la vida” como para las nuevas “pruebas rápidas” dejar pasar al menos 3 meses desde la última vez en que hayamos estado en riesgo de infección.

Sin embargo, hay otros tipos de pruebas que detectan al virus directamente o bien a proteínas que se producen como consecuencia de la actividad del virus. Estas pruebas podrían decirnos si tenemos el VIH o no antes de que se produzcan los anticuerpos, es decir, antes de la seroconversión.

Las pruebas que detectan directamente el virus son útiles cuando sabes que has estado expuesto/a a un riesgo de infección, por ejemplo, una penetración vaginal o anal sin preservativo, o bien si tu pareja es seropositiva y habéis tenido un percance con el condón, o en el caso de una violación, o de un accidente sanitario como le podría ocurrir a médicos o enfermeras al pincharse o cortarse con agujas o materiales que hayan estado en contacto con sangre de una persona con VIH, etc.<br><br>

Entre las pruebas que detectan directamente la presencia del VIH en nuestra sangre hay dos tipos, las cualitativas, que simplemente indican si han encontrado o no proteínas o partículas del VIH en la sangre: resultado positivo es que sí, resultado negativo es que no, y las cuantitativas, que lo que hacen es contar el número de partículas del virus que hay en la sangre, algo que se conoce también como “carga viral”, “carga vírica” o “viremia”. Cualquiera de estos tres términos significa lo mismo: “cantidad de virus que hay en la sangre”.

Entre las pruebas cualitativas, sólo hay un tipo aprobado para su uso, que es la prueba Aptima HIV-1 RNA Qualitative Assay.

En cuanto a las pruebas cuantitativas hay varios tipos, ya que se siguen distintos métodos para determinar la carga viral, es decir, para contar la cantidad de virus que tenemos en la sangre.

Las pruebas cuantitativas son las que se utilizan rutinariamente en las personas que tenemos VIH para medir cómo respondemos a los tratamientos antirretrovirales o bien cómo evoluciona la infección cuando todavía no se está tomando tratamiento. Son las que comúnmente conocemos como “pruebas de carga viral”.

Tanto las pruebas cuantitativas como las cualitativas son altamente sensibles y pueden detectar cantidades realmente pequeñas de virus en la sangre. Sin embargo, es posible que den a veces resultados de falsos positivos. Por eso, especialmente con un resultado positivo, es decir, si detectan la presencia del VIH o dan algún valor de carga viral, especialmente si este valor es bajo y si el momento en que se haya podido producir la infección es muy reciente (pocos días, o menos de dos semanas), se deberá hacer siempre, de todos modos, dejando pasar los 3 meses del período ventana, un test ELISA de confirmación.

Normalmente, con un resultado positivo para una prueba cuantitativa o cualitativa, tu médico, mucho antes de esperar los tres meses para confirmar con un ELISA, podrá repetirte, al cabo de unos cuantos días (un par de semanas suele ser lo habitual) la prueba cualitativa o cuantitativa, o bien hacer otro tipo de prueba de la que hablaremos más adelante, la P24, con el fin de ir confirmando el diagnóstico.

Esta posibilidad es importante ya que hay evidencias de que aquellas personas a las que se consigue diagnosticarles la infección por VIH durante los primeros días o semanas, antes de que empiecen a producir anticuerpos, es decir, mientras todavía están dentro del período ventana, pueden proteger mejor su sistema inmunitario iniciando inmediatamente tratamiento antirretroviral.

También, si el resultado es negativo, se suele repetir la prueba cuantitativa o cualitativa al cabo de una o dos semanas y, a la vez, llegados los 3 meses, se hace también un test ELISA para descartar cualquier posibilidad de duda.

Como ves, a pesar de su sensibilidad, el uso de la prueba cuantitativa o cualitativa para diagnóstico resulta algo complicado y, de todos modos, para confirmar sus resultados, hay que recurrir en última instancia a una prueba de anticuerpos como la ELISA.

En España las pruebas de carga viral y las pruebas cualitativas sólo están cubiertas por la Seguridad Social para el caso de las personas que ya hayan sido diagnosticadas previamente con VIH que, o bien estén tomando tratamiento antirretroviral, o bien estén siendo controladas periódicamente para evaluar cómo evoluciona la infección y decidir, entre otras cosas, cuándo iniciar el tratamiento.

La Seguridad Social no las contempla como pruebas de primer diagnóstico y, por tanto, no están incluidas con ese fin dentro de las prestaciones sanitarias gratuitas.

No obstante, es posible hacerte estas pruebas en un laboratorio, pero el coste deberás pagarlo tú. Su precio puede oscilar entre los 150 y los 200 euros. Lo que está indicado es que, en todo caso, esta prueba se haga por prescripción de un médico. Esto quiere decir que, si crees que has estado expuesto/a al virus, o si tienes la certeza de ello por conocer que tu compañero/a sexual tiene el VIH, es recomendable  planteárselo a tu médico. Este evaluará la posible urgencia del diagnóstico y podrá indicar la necesidad de hacer una prueba de este tipo sin esperar tres meses a que se produzca una posible seroconversión.

¿Qué tipo de pruebas están disponibles?

Hay distintos tipos de pruebas y empresas fabricantes. En general, la mayoría de las pruebas que detectan directamente al virus (cuantitativas, como las de carga viral), a las proteínas del mismo (como la P24) o a su material genético (como las cuantitativas) pueden conseguir dar resultados fiables apenas 72 horas después del momento en que se produce la infección aunque, como norma, se establece un mínimo de 3 a 4 semanas para que un resultado positivo pueda ser considerado fiable.

Por ello, no es infrecuente repetir estas pruebas en el caso de que la primera se haya hecho muy pocos días después del momento en que se haya podido producir la infección, o cuando ese momento de la infección sea reciente pero tú no tengas del todo claro el día o los días en concreto en que se pudo producir.

Prueba del antígeno P24:

Esta prueba utiliza una técnica basada en la prueba ELISA para buscar, en lugar de los anticuerpos, una proteína específica del virus, conocida como proteína P24.

La P24 es una de las proteínas esenciales que el VIH tiene en la coraza o “cápside” (cápsula) que le sirve de envoltorio (de manera parecida a como una cápsula espacial protege a los astronautas durante un viaje por el espacio). Se la llama “antígeno” porque el sistema inmunitario produce un anticuerpo específico para ella.

Antígeno significa “generador de anticuerpos” y se aplica esta palabra a cualquier “cuerpo”: virus, bacteria (o proteínas o partes de los mismos), sustancia química, o elemento que sea detectado por el sistema inmunitario e identificado como algo extraño, cuando esto ocurre, este agente extraño es combatido con anticuerpos que el propio sistema inmunitario fabrica (los anticuerpos son unas proteínas especializadas en la defensa).

Esta proteína suele manifestarse en mayor cantidad justo en los días o semanas inmediatamente posteriores a la infección y, también, muchos años después, cuando la infección por VIH está muy avanzada en las personas que no están recibiendo tratamiento antirretroviral.

Se la suele utilizar como una prueba de confirmación cuando se hace un test ELISA demasiado pronto, por ejemplo, antes de los tres meses. Un médico puede indicar que se haga una prueba de antígeno P-24 si el riesgo de exposición al virus ha sido muy reciente. También esta es una de las pruebas que utilizan los bancos de sangre para verificar que la sangre que reciben no tiene el VIH.

La prueba P24 es más fiable si se hace durante las primeras tres semanas después del momento de la infección. De hecho, si ya hubiera pasado más tiempo, se la suele descartar a favor de algún otro tipo de prueba de detección directa del virus.

En algunos países se utilizan kits de pruebas que incluyen una prueba de anticuerpos tipo ELISA más una prueba de antígeno como la P24 en un único test. Las marcas varían entre países y en muchos servicios de salud y laboratorios privados también es habitual que cuenten con pruebas de este tipo de desarrollo propio.

Estas pruebas se suelen aplicar como prueba de diagnóstico cuando el riesgo de infección ha sido reciente y, generalmente, antes de esperar a los 3 meses del período ventana. La filosofía es que si no detectan los anticuerpos por ser demasiado pronto, sí podrían detectar los antígenos. O bien, si ya no pueden detectar los antígenos (la proteína P24 del virus) por el tiempo transcurrido desde la infección, sí podrían detectar quizás los anticuerpos. Son una buena herramienta para adelantar un diagnóstico en esa fase intermedia que supone siempre el período ventana, sin tener que recurrir a una prueba cualitativa o cuantitativa de detección directa del virus.

PCR: Prueba cuantitativa de Reacción en Cadena de la Polimerasa:

Este es el tipo de pruebas que conocemos habitualmente como pruebas de “carga viral” o de carga vírica. Se considera que sus resultados son altamente fiables cuando se trata de determinar si alguien se ha podido infectar debido a una exposición reciente al VIH. Si se ha producido la infección, una prueba tipo PCR revelará qué cantidad de virus hay en la sangre en ese momento.

Las pruebas de este tipo de las que disponemos en la actualidad pueden detectar cantidades tan pequeñas como 50 virus por mililitro de sangre y son capaces de dar resultados fiables a partir de las 48 ó 72 horas inmediatamente posteriores a la infección.

No obstante, es posible que algunas personas tarden más tiempo en desarrollar niveles de virus en sangre que puedan ser detectados por la prueba. Hay algunos casos de personas a las que el virus sólo les ha podido ser detectado al cabo de cuatro semanas. Por ello, algunos médicos aconsejan repetir una PCR con resultado positivo al cabo de dos semanas después de haber realizado la primera y, en todos los casos, está recomendado hacer un test ELISA de confirmación al cabo de tres meses a partir de la fecha en la que se estima que se produjo la infección.

Hay varias marcas comerciales de pruebas PCR, la principal diferencia entre ellas es el método tecnológoco que utilizan para el recuento de la cantidad de virus en la sangre, pero su sensibilidad y fiabilidad son bastante similares. La más conocida es la Amplicor®. Hasta hace unos años se utilizaban pruebas que sólo podían detectar el VIH en cantidades iguales o superiores a 500 virus por mililitro de sangre. También oirás hablar de “partículas virales” o “copias del virus”: en la práctica, significan lo mismo, todo se refiere al número de virus que tenemos en la sangre. Hoy en día las pruebas más utilizadas son capaces de detectar cantidades a partir de 50 virus y, las más sensibles, pueden detectar cantidades a partir de 20 virus por mililitro.

¿Qué es la carga viral indetectable?: Significa que la cantidad de virus en la sangre es menor de lo que la prueba es capaz de detectar. Por ejemplo, para una prueba que tenga su límite de detección en 50 virus por mililitro, cualquier cantidad de virus en la sangre menor de 50 copias o partículas por mililitro, supone una carga viral indetectable.

PCR Cualitiativa:

También se conoce a este tipo de pruebas como pruebas de PCR de ADN, ya que, en lugar de contar partículas o copias virales, lo que hace es buscar el material genético del virus que pudiera haber en el interior de las células, incluido en el ADN de las mismas. De encontrar este “ADN viral”, la prueba estaría indicando que se ha podido producir una infección. Estas pruebas permiten, de este modo, detectar si el virus está o no presente, pero no permiten saber en qué cantidad lo está. Es decir, lo identifican, dicen si está o no (resultado cualitativo), pero no son capaces de contarlo (resultado cuantitativo).

Las pruebas cualitativas cuentan con una ventaja sobre las cuantitativas, y es que permiten detectar el virus aún cuando la carga viral todavía es demasiado baja. Por este motivo, las pruebas cualitativas son las que se utilizan para detectar si un bebé que acaba de nacer de una madre con VIH ha nacido infectado o no.

Todos los niños que nacen de madres con VIH nacen con los anticuerpos frente al virus. En la mayor parte de los casos se trata únicamente de los anticuerpos que transmite la madre y los niños nacen sanos. En algunos casos, no obstante, los bebés pueden nacer infectados o haberse infectado durante el parto. La prueba cualitativa permite saberlo de inmediato, sin tener que esperar, como ocurría hasta hace unos años, más de 18 meses hasta que los anticuerpos de la madre en el bebé se destruyeran por sí solos.

Las pruebas cualitativas implican el uso de una tecnología sofisticada y costosa. Por ello es complejo utilizarlas como método de primer diagnóstico, porque se requerirían recursos ingentes para poder hacer pruebas de este tipo a muchas personas a la vez. La prueba cuantitativa (de carga viral) es igual de fiable para detectar la presencia del virus y es más económica y sencilla de realizar. Además, resulta especialmente útil para el seguimiento de la infección por VIH tanto si la persona está tomando tratamiento antirretroviral como si no.

Prueba de ADN ramificado o Branched-DNA:

Esta prueba es también una prueba de tipo cuantitativo, es decir, como la PCR de carga viral, sirve para medir la cantidad de virus que hay en la sangre. Lo que ocurre es que utiliza un procedimiento técnico distinto a la PCR y, para valores muy bajos de carga viral, puede arrojar resultados un poco distintos de aquella. Esto no es importante cuando se la utiliza para diagnosticar una infección, es decir, para saber si una persona tiene o no el virus, pero sí puede tener importancia a la hora del seguimiento de la eficacia del tratamiento antirretroviral. Por eso, cuando la PCR o la Branched-DNA se utilizan para esta finalidad, se recomienda que se siga utilizando siempre el mismo tipo de analítica para la misma persona. La marca más conocida de este tipo de pruebas es la Quantiplex®.

¿Qué pasa con los distintos tipos del VIH? ¿Pueden detectarlos todas las pruebas?

Hay dos clases o familias de virus del VIH, el VIH-1, que es el más común en los países europeos, en las américas y en la mayor parte de los países asiáticos, y el VIH-2, que es muy común en los países occidentales del África subsahariana.

El VIH-2 también está comenzando a tener una incidencia creciente en algunas capitales europeas como Lisboa o Londres debido a que en dichas ciudades, por razones históricas, económicas y culturales, desde hace décadas hay núcleos importantes de población emigrada desde África y los viajes de ida y vuelta son bastante frecuentes. En Cuba ocurre algo similar debido al desplazamiento de tropas cubanas a Angola durante los años 80. Sin embargo, en otras zonas como Estados Unidos, por ejemplo, si bien el primer caso de infección por el VIH-2 se detectó en 1987, sólo unas 80 personas más se han infectado desde entonces con esta familia del VIH.

No obstante, debido a que los movimientos migratorios son cada vez más intensos, es previsible que el VIH-2 se haga cada vez más común también en Europa y en los EE.UU. en los años venideros.

¿Por qué es importante todo esto?. La importancia radica en que las pruebas que se utilizan rutinariamente para detectar el VIH están pensadas y diseñadas para el VIH-1. De manera que cualquier test ELISA/Western Blot que te hagas en un hospital, un centro de salud, a través de una ONG o en un laboratorio privado podrá detectar con gran sensibilidad el VIH-1, pero no siempre será capaz de detectar la presencia del VIH-2. De hecho, se estima que el VIH-2 podría ser detectado por un test ELISA/Western Blot estándar en un 60% a un 80% de los casos, es decir, que en tres o cuatro de cada diez casos podría no detectarlo.<br><br>

Hay pruebas específicas para detectar el VIH-2 pero, si cuando vas a hacerte la prueba no lo solicitas expresamente, o no existe la sospecha de que hubieras podido infectarte con el VIH-2 en lugar de con el VIH-1, los test que te harán serán los estándar para el VIH-1. Por eso es importante, cuando vayas a hacerte la prueba para saber si tienes el virus, preguntar por la posibilidad de que te hagan la prueba para el VIH-2, en particular si has tenido prácticas de riesgo en algún país del África subsahariana, o con alguien que hubiera estado allí recientemente, o con alguien que hubiera vivido allí.

También si, a pesar de tener síntomas muy parecidos a los de una infección primaria o primoinfección por VIH, las pruebas estándar para el VIH-1 te dan un resultado negativo, quizás no esté de más que tu médico te haga una prueba para descartar una posible infección por el VIH-2.

Los clados o variantes genotípicas del VIH

En cada uno de los dos tipos del VIH, tanto el VIH-1 como el VIH-2, existen, a su vez, una serie de variables o subfamilias que se conocen como “clados” o “genotipos” del virus. Para el caso del VIH-1 se conocen hasta ahora aproximadamente una veintena de clados distintos. Muchos de ellos proceden de recombinaciones de los clados iniciales. El clado más común, con el que estamos infectadas la mayor parte de las personas que tenemos VIH-1, es el subtipo “B”, que es el mayoritario en Europa y América del Norte. En Sudamérica, particularmente en Brasil y Argentina, además del subtipo “B”,  hay otro subtipo particularmente abundante que es el “BF”.

En Cuba, sin embargo, se han producido gran cantidad de recombinaciones del virus que hacen que el subtipo “B” sólo represente el 40%, estando el 60% restante repartido casi de manera uniforme entre los subtipos “BG”, “H”, “C”, “G”, “BF”, “UH”, “UF” y varios de tipo “CRF”. En determinadas zonas de España, como Galicia o Euskadi, si bien el tipo “B” es ampliamente mayoritario, la parte de los virus que pertenece a otros subtipos tiende a crecer y, además, con cada vez mayor cantidad de recombinaciones

Estas variaciones locales que se observan tanto dentro de España como en otros países se deben a los procesos migratorios internos y externos y, también, a que determinados grupos de población, por razones socioeconómicas, tienden a ir y venir con frecuencia de un país a otro: pescadores, militares, ejecutivos y profesionales liberales, mujeres emigrantes, estudiantes, etc.

¿Qué son las recombinaciones?.

El VIH se reproduce a gran velocidad y en grandes cantidades. Uno de los pasos del ciclo vital del VIH, la transcripción, hace que se vayan produciendo pequeñas variaciones en el material genético del virus que, al final, después de millones de veces, terminan por dar lugar a nuevos tipos de virus. Este proceso, que en otros virus como la gripe, por ejemplo, puede tardar años, en el VIH se puede producir en pocos días. Esa alta variabilidad del virus es lo que ha hecho imposible hasta ahora poder desarrollar una vacuna eficaz.

Esto también tiene importancia para la aparición de virus resistentes a los medicamentos. Por eso los científicos siguen con mucha atención qué es lo que ocurre en las recombinaciones del VIH y qué nuevos “clados” o variantes van apareciendo, ya que ello puede tener un efecto en la eficacia de los tratamientos, y puede dar también pistas para encontrar nuevas vías de investigación que, en el futuro, permitan conseguir una vacuna eficaz o nuevos tipos de fármacos antirretrovirales.

¿Tienen alguna implicación las recombinaciones para que el VIH pueda ser detectado por las pruebas tipo ELISA/Western Blot?

El VIH-1 y todos sus clados pueden ser detectados por las pruebas de anticuerpos disponibles en estos momentos: tanto la ELISA/Western Blot de laboratorio como las pruebas rápidas basadas en esta tecnología. Las pruebas tipo PCR y B-DNA de carga viral (cuantitativas) y de diagnóstico (cualitativas) pueden detectar y contar también todos los clados o subtipos del VIH-1. Las pruebas de carga viral, además, también funcionan con el VIH-2.

© Linfositio.org, 2010

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